Revientan truenos y relámpagos para la mejor tormenta. Los refusilos iluminan a fantasmas olvidados de alguna vieja legenda, que se asoma sin timidez a las manos del mal tiempo.
La gente se olvida del cansancio, corren verdes y jugosos por las calles anochecidas, frío de invierno, de cabaret.
Mi vecina que tapa la ventana para convertirse en una mujer de edad, junto a su hombre mayor.
Y mis manos que se extienden al vacío del último programa de televisión.
Noche, dura mujer de almohada sin plumas. Noche entre ventanas, entre calor y mugre en las manos. Lluvia, mucha lluvia en verdad toda la tormenta cayó sobre mi cabeza, dentro de mis ojos.