jueves, 13 de febrero de 2020

Estamos en mundos y rutinas separadas, volviendo a vernos a la cara.

Brindo con vos.
Brindo por vos y los mates tibios.
Brindo por el frío y la sonrisa lejana de haberte soltado.
Haberte soltado.
Brindo porque ya no doles tanto.
Ya no doles.

Estoy bien.

Festejo mirar tu sonrisa y no sentir mis muros caer.
Festejo no desarmarme.
Festejo hablarte, entenderme y notar la conexión.
Festejo una conexión distinta.
Una conexión de mí con lo que fue, que ya no quema.
No arde.
Festejo tu libertad y festejo la mía. Y que estemos volando.
Más o menos alto. A destiempo.
Un vuelo desencontrado, distante, pero tranquilo y en paz.

Comprendo.

Se transformó. Se está renovando.
A paso firme, pero despacio.
Transmutación segura de la magia que envolvió nuestros abrazos, nuestras caricias.
Y los besos en la frente.

Se transforma el brillo de la luna en tu mirar y sé que todo va a sanar.

Por eso hoy, brindo, festejo y me transformo.
Y te deseo el brillo del universo y de tu tan anhelada aurora boreal, siempre. A vos.
Mi eterno gran amor.

sábado, 1 de febrero de 2020

Vos estabas educandote para dejar de sentir.
Practicando no quererme.

Y yo escribía poesías en un cuaderno.
Bordeaba tu nombre con los dedos.

Buscaba tu letra en las chapitas de las birras.
Me sostenía las manos para no escribirte.

El desencuentro está clarísimo.
La incógnita es quién lo va a lograr primero.


Maru Leone.