jueves, 26 de marzo de 2020

Bloc de notas.

No puedo volver a permitirme alimentar tu recuerdo.


Sentí la incertidumbre de mi propio ser. Busqué salida en todos lados. Busque tu mirada en otros ojos. Quise encontrar el calor de tus abrazos en otros cuerpos. 
Me esforcé por alcanzarme a mi. 


Te busqué. Te ví. Te encontré. Y entendí que no habia necesidad de hallar esta agonía. Si de lo que fue ya nada queda. 


Soy cruel conmigo misma cuando de recordarte se trata. 
Llegas sin avisar a mi cabeza. Caes en gotas de agua hirviendo directo al corazón. 


Plasmo el recuerdo en una hoja de papel. Hago un bollito, le doy una última mirada cargada del amor que un día te tuve. Y se va, como se fue tu amor. 
Al mismo lugar. 


Ya no quedan cenizas que avivar. 
No queda fuego que mantener.
Mejor dejarlo humedecer. 


Vuelvo a escribirte poemas, pasajes, canciones, palabras sueltas sin sentido. Llenas de rencores que quiero dejar salir, para que se queden ahí. 
Fuera de mí. 


Encontré un cuaderno con tus dibujos. 
Esos que solía robarte cuando estabas a punto de desecharlos. 
Los que me hacías en el borde las hojas. 
Los que te pedí, los que no. 
Pero no encuentro valor. 
Me duele más dejarlos ir que olvidarlos en un cajón con los demás recuerdos que todavía queman si me acerco. 


Conocí otra forma de amar. 
Amar recuerdos descargados de cariño y cargados de rencor. 
Como los últimos que tengo con vos, amor. 
Amarme a mi en ellos. 
Verme ciega ante tus ojos cargados de mentiras. 
Rellenos de dolor, de angustia, mostrando falso amor. 
Pronunciando palabras vacías, que yo, agonizante, llenaba de fuego lento y punzante vicio eterno. 


Tal vez fui demasiada calma para tu salvaje corazón. 

Tal vez fuiste demasiado fuego para mi vulnerable corazón.


Te quiero bien. Te entiendo bien. Entiendo que la persona que realmente estaba bajo tu piel es la que a mi me juraste superficial. La que terminaste por extrañar, y que hoy volvió. Y ahí esta. Y te completa. Porque es lo que sos. 

La mujer de la que me enamoré fue un papel que te pusiste como meta. Un rol que quisiste probarte a vos misma que podías cumplir. Y lo hiciste, pero todo acto se termina. Y así fue. Se terminó la obra. Y como con toda presentación trágico-cómica, yo me comí esos versos. Y cual película triste que se acaba y te deja hecho pedazos, quede yo. Envuelta en una historia que me creí hasta el final, y te juro amor, que si volviera a verla, a leerla, a sentirla, volvería a creerme hasta el último detalle bien planeado y bien puesto en su lugar. 

Incluso conociendo el final.