- ¿Escribías? – Consultó.
Un poco. – La tapó con su cuerpo. – No lo tomes a mal… Pero es personal.
No quería saber qué. – Alzó una de sus cejas. – Solo me sorprendió que lo hicieras en papel cuando hay tanta tecnología dando vuelta.
Tengo una teoría con respecto a eso. – Susurró volteando nuevamente hacia la licuadora.
¿Se puede saber cuál? – Indagó con respeto.
Considero que cuando tenés algo realmente importante que escribir, lo tenés que hacer en papel.– Comenzó a explicar. – El papel no se pierde, se pega con un imán en la heladera y listo, ahí queda. – El ruido de la licuadora estorbaba un poco su habla. – En cambio, el documento de Word se extingue cuando entra un virus en la computadora, cuando a tus DVD de back up les aparecen hongos o cuando a tu disco removible… - La observó con picardía. – Ese donde guardas todas tus fotos y tus mejores videítos, tu mascota lo tira al piso y se parte por dentro. – Generó una mueca apenada. – Y todos somos conscientes de que es más fácil que te pase cualquiera de estas cosas a que te falte un imán en la heladera.